Es cuestión de actitud

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Atlanta perdió la identidad que lo mostraba como un equipo sólido, que dominaba la mayor parte de los encuentros y que llegaba al arco de enfrente en varias ocasiones y lastimaba. Eso quedó en el pasado. Ya hace cinco fechas de la última victoria y lo peor de todo es que tras la visita a Soldati fueron la misma cantidad de partidos traducidos a derrotas.
Se volvió a jugar mal. Se volvieron a equivocar los caminos y quizás el presente de varios jugadores no es el indispensable para el momento que está viviendo Atlanta. Este equipo de Francisco Berscé tiene un problema muy grande en cuanto a la visión del juego. Si la pelota tiene que pasar varias veces por los centrales antes de incursionar en el área rival en lugar que pase por los que generan juego estamos en el horno. Y es lógico que se quiera cuidar la pelota porque el dominio hace que no te generen situaciones en contra. Pero el problema está en que Atlanta no pisa el área rival.
En estos últimos partidos se vió un equipo demasiado largo, sin nadie que se haga la manija; Braian Miranda no tiene el nivel de los primeros partidos y eso hace que el equipo pierda explosión. Adrián Martínez tiene que pelear contra molinos de viento en cada pelota que le llega cerca del área, y eso, se traduce en que no hay conexión de tres cuartos en adelante. En Berisso, Villa San Carlos fue más que Atlanta con muy poco, pero con muy poco. Le bastó con presionar (algo que Atlanta hacía en los primeros encuentros y que fue motivo de admiración), con jugar a espaldas de los laterales y con ganar cada segunda pelota. Y a diferencia de los partidos anteriores salió a jugarle a Atlanta, no se metió atrás. Fue el bohemio quien no supo como jugarle. Como entrarle. Como lastimarlo.
Atlanta tuvo sólo dos posibilidades de concretar y ambas fueron de media distancia. Fabricio Pedrozo en el primer tiempo y uno de Martínez en el segundo. Eso fue todo lo que generó Atlanta. Un equipo que no logra lastimar.
Atlanta dejó de ser ese equipo que se quería comer a los rivales crudos. A este equipo le pesa tener la pelota en los pies en ataque. No gana una sola pelota dividida y lo más preocupante es que no gana una sola situación en el uno contra uno. Es desborde y centro, enganche y centro; y para eso se probó de varias maneras pero ninguna está siendo útil. Por su perfil, con el perfil cambiado, con desbordes de los dos laterales Mariano Bettini y Guillermo Sánchez. Fabricio Pedrozo no desequilibra como en las primeras fechas, Adrián Martínez está sólo contra el mundo y de espaldas al arco y siempre afuera del área.
A este equipo se le perdió la mística y se fue diluyendo con el correr de los partidos. Es un equipo sin el peso de la ambición. Habrá que ver hasta donde puede Francisco Berscé torcer el rumbo de este barco que venía por aguas tranquilas y se metió sólo en la boca del huracán.
Será el partido con Comunicaciones el del quiebre definitivo?

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