Un bochorno

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El Bohemio fue alevosamente perjudicado por el arbitraje de Lucas Comesaña. Jugó desde los 25 con diez, Rago atajó un penal, pero lo perdió en el final. Nada que reprocharse para los del Pepe Castro.

Basta mirar la historia reciente de algunos clubes como para comprender algunas cosas que suceden en el fútbol argentino. Lo que ocurrió en Villa Crespo con Lucas Comesaña fue quizá uno de los puntos más evidentes de perjuicio de un árbitro a un club. Si bien los jueces son personas, y como tal se pueden equivocar, considerar errores los fallos arbitrales del juez sería pecar de inocencia.

A los 10 minutos de juego ya era claro lo que iba a suceder. Comesaña dejó a Riestra hacer lo que quiso. La visita dejó el vuelto en cada pelota disputada, pero el árbitro cobraba infracción a su favor. Sin embargo, ignoraba las que eran en perjuicio de Atlanta y la incógnita era cuándo iba a cobrar el penal.

La pena máxima llegó a los 30, cuando el Bohemio jugaba con diez por la expulsión de Fernando Enrique (que podría bien haber sido echado por tirar un pelotazo a un rival, pero el juez hizo un gesto de una agresión que no existió).

El penal fue bien sancionado, pero esa jugada debería haberse frenado cuando Riestra recuperó la pelota con una evidente infracción en la mitad de la cancha. De todos modos Rago se hizo enorme y tapó el disparo, y Atlanta se fue al descanso igualando en cero.

En el complemento, los del Pepe Castro hicieron un despliegue dignísimo. Contra viento y marea, fueron protagonistas, y la desventaja numérica no se vio en la cancha. Rago tapó pelotas de gol de contra, cuando mejor sacaba ventaja la visita, pero el Bohemio también tuvo las suyas.

Pero con el correr de los minutos, el gasto físico empezó a pasar factura, y Atlanta se fue quedando sin piernas. Y a falta de 10, de un córner vino el primer gol en contra que recibe en el torneo, suficiente para dejarlo sin puntos en un partido en el que mereció más.

Es una derrota que duele, por la impunidad con que perdió, pero el Bohemio dejó muchas cosas buenas desde lo futbolístico. Bien digerida, es una caída que puede fortalecer al equipo, porque aunque no sumó puntos, sumó en personalidad y en identidad. Pese a perder, Atlanta se acercó mucho a lo que quiere ser, y vio de frente todo lo que no.
MARIANO PERUSSO

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